Aunque pueda parecer lo contrario, la tradición del traje de novia blanco no es muy antigua.
Hasta el s. XIX las novias elegían cualquier color para el vestido del día de su boda: negro, verde, rojo, azul y hasta plateado.
Fue la Reina Victoria de Inglaterra, en su boda con el Príncipe Alberto en 1840 cuando el blanco se convirtió en un color que pasó a la historia como el de las novias. Entonces era habitual elegir el rojo, pero la Reina quiso cambiar las normas del juego, como antes lo habían hecho otras como su prima la princesa Carlota.
Sin embargo, no fue hasta el siglo XX cuando el blanco nupcial se popularizó entre novias de todos los estilos y clases sociales. Y aunque es habitual pensar que el color blanco del vestido significa pureza y virginidad de la novia, actualmente ha perdido el sentido.
Además del blanco puro, se utilizan los tonos beige, tostado y champán y no es extraño ver a mujeres decantarse por otros colores en tonos pastel (rosa, celeste, verde agua...) o incluso más atrevidos y vibrantes para bodas más fuera de lo común.
Actualmente son pocas las novias que optan por el blanco impoluto y también se han añadido trajes de dos piezas, blusa o top y falda.
Será Jenny capaz de romper las reglas del juego?...Al igual que con el novio, tuve la suerte de presenciar el momento de su elección y puedo daros una pista.......impresionante!



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